lunes, 9 de enero de 2012

Rastros de violencia - Muerte a sangre fría

Simone sería el nuevo capo que controlaría a todas las familias de Estados Unidos.

Simone era un íntimo amigo italiano del antiguo capo. Vino directamente de Italia para entrar a la familia. En realidad entró en la familia huyendo de algunos problemas que tenía en Italia.

Pasado un mes, le tocó el turno de visitar a Mouse Senior. Simone vendría, comería y cenaría con Mouse y hablarían del dinero que recaudaba y de si tenía algún problema con alguien.

Mouse tenía un restaurante en el que alguna vez había actuaciones para divertir a sus amigos. En el restaurante tenía una habitación a la que llamaba “la habitación del pánico”. Esa sala era utilizada para “hablar” de negocios. Le gustaba llamarla así ya que el que entraba no sabía lo que le podía pasar: si entrabas no era para nada bueno.

Era viernes y ese día vino Simone. Se quedaría todo el fin de semana. Ese fin de semana todo tendría que salir como la seda y las órdenes eran concisas.

El viernes Paul fue a recoger con el coche al aeropuerto a Simeone. Venía acompañado con dos de sus chicos: uno era rubio, llamado Leone y el otro era un armario con el pelo castaño, llamado Alfredo.

Paul tenía la orden de llevarlos a casa de Mouse Senior, donde estarían hasta la hora de comer, y luego llevarlos al restaurante para una buena comida.

Cuando los dejó en casa de Mouse Senior, en la puerta estaba un chico que Paul no había visto nunca. Este se acercó a la ventanilla del conductor decidido y dijo:

— Hola, me llamo Jim. Hoy es mi primer día. Mouse me ha dicho que me vaya contigo todo el día.

— Vale, entonces sube— dijo Paul.

Jim subió al asiento del copiloto y, antes de que el coche saliese, se acercó Mouse Junior y le dijo a Paul:

— Tienes que ir a recoger a Marcus a su casa y llevarlo al restaurante de mi padre a la hora de la comida.

Marcus era otro hombre de confianza de Mouse Senior, él se ocupaba de otro local de Mouse Senior. El único problema de Marcus es que tenía la mano demasiado larga, y parece ser que se podría haber embolsado un millón de dólares en dos meses y eso llegó a oídos de Mouse Senior.

Mouse Senior era una persona tranquila y confiada, pero si te reías de él ya podrías desaparecer de la faz de la tierra.

Condujeron hasta casa de Marcus, bajaron y llamaron a su puerta. Al abrirse no encontraron a Marcus, sino a su amiguita con una camisa no muy abrochada. Ella los miró y gritó:

— Marcus, ¡unos chavales te están buscando!

Entraron y se sentaron en el salón. Marcus salió de su habitación y se quedó un poco atontado al verlos. Antes de que pudiese decir nada Paul habló primero:

— Tienes una hora para arreglarte, tienes que venir con nosotros. Mouse Senior tiene que hablar contigo.

Mientras que Marcus se duchaba con su amiguita, Paul y Jim estaban esperando sentados en el sillón del salón. La verdad es que tenía cosas bastante caras para ser una persona que solo conseguía unos 800 dólares al mes. Si Mouse Senior estuviese allí, Marcus no habría salido vivo de la ducha.

Estaba arreglado a los 45 minutos. Subieron los tres al coche y Marcus empezó a preguntar.

— ¿Se sabe por qué Mouse quiere verme?

— No lo sabemos. Solo sabemos que Simone ha venido a visitar a Mouse y nos ha dicho que hoy comes con ellos — comento Paul.

— ¡Bien! Hoy como gratis — afirmó Marcus.

Dejaron a Marcus una hora antes en el restaurante. Jim se quedó con Marcus.

Paul llegó al restaurante a la hora acordada. Simone, sus dos chicos y Mouse bajaron del coche. Mouse se acercó a Paul y le dijo:

— Aparca el coche y entra a comer, chaval. Después de comer te enseñare algo nuevo.

Paul sabía que esa última frase significaba que lo que le ensañaría no sería nada legal.

La comida fue tranquila, se notaba el buen humor que había en la mesa de Mouse, Simone y Marcus. A las tres de la tarde no había gente en el restaurante, Mouse se acercó donde estaba Paul y le dijo que cerrase las puertas y luego ordenó a Jim que se quedase fuera para que no entrase nadie.

Después, Mouse se fue con Simone y Marcus a “la habitación del pánico”. Se podía notar en las piernas de Marcus el nerviosismo.

Después de 15 minutos en completo silencio, Mouse abrió la puerta y llamó a Paul y a los dos chicos de Simone. Al entrar vieron a Marcus en una silla, sentado, con la nariz rota y sangrando por la boca.

Simone permanecía de pie, disfrutando de lo que estaba viendo, Mouse cabreado preguntaba:

— ¿Qué has hecho con mi dinero? Confiaba en ti.

— Lo siento Mouse — sollozaba Marcus.

— Te gastabas miles de dólares en zorras y en lujos ¿te piensas que no me enteraría?

Marcus comenzó a llorar. Mientras, Mouse sacó silenciosamente su pistola, se la ofreció a Paul y le dijo:

— Toma, ya sabes lo que tienes que hacer.

Paul la cogió tímidamente y sin pensarlo mucho apuntó a la cabeza de Marcus y disparó el arma. De la fuerza del disparo, la cabeza de Marcus se fue hacia atrás y Paul se quedó mirando los ojos vacios de vida de Marcus. Mouse Junior se acercó por detrás, le dio una palmadita en la espalda y le susurró al oído:

— En nuestra familia no hay sitio para los traidores.

3 comentarios:

BorjaSanchez dijo...

No tenía que haber puesto lo del primer martes de cada mes, que ahora la gente no va a ver este capítulo

Para aclarar dudas, este capítulo continúa dentro del flashback del capítulo anterior XP

PD: Marcus ha durado menos que un caramelo en la puerta de un colegio jeje

Raul Covisa dijo...

Tan mal explicado esta? vaya mierda!

BorjaSanchez dijo...

no, no, esta bien todo. lo que pasa es que al ir por entregas puede que al retomarlo desde aquí alguien se líe... rayadas mías...

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